jueves, 1 de julio de 2010

Agorafòbia i insociabilitat?

L’agorafòbia és una sensació d’angoixa que produeixen els espais oberts, mentre que la insociabilitat podríem definir-la d’alguna manera com la voluntat d’evitar el contacte amb les persones.

Quan el dijous 17 de juny vaig arribar a casa després de jugar un partit de futbol, res no feia pensar que m’hi quedaria tancat durant tota una setmana. Però així va ser. Fins dimecres 23, no vaig tornar a sortir, per celebrar la nit de Sant Joan envoltat d’amics. Bé, menteixo, el diumenge 20 vaig baixar al carrer a comprar un pollastre rostit per dinar. El més sorprenent de tot és que no en vaig ser conscient fins que no vaig haver de pensar on havia deixat aparcat el cotxe la darrera vegada que l’havia fet servir. És a dir, vaig passar-me una setmana sencera tancat a casa sense immutar-me!

Normalment, surto de casa pràcticament cada dia, ja sigui per anar a sopar fora, jugar a futbol, reunir-me amb els amics, etc. Vull dir que no és normal que em tiri tota una setmana a casa. Però, ves per on, no m’he mogut de casa i com si res, tu.

A aquesta situació ha contribuït la feina, és clar, però també el Mundial, no ens enganyem, que em mantenia al sofà durant una bona estona.

El dijous 24 vaig marxar de pont a la platgeta, amb ni més ni menys que 15 amics més! És a dir que no pateixo ni agorafòbia ni insociabilitat. Estigueu tranquils!

martes, 1 de junio de 2010

Relato 1: Aquel día

Viendo que se acerca una época de mucho trabajo y que voy a tener poco tiempo para actualizar el blog, voy a ir publicando poco a poco los relatos ya publicados en Facebook, ya que aquí estarán más ordenaditos.


Aquel día

Dolores

La vida de Dolores tiene un antes y un después marcado por el abandono de su marido. Hasta entonces, había vivido de forma humilde, pero, dentro de lo que cabe, feliz. Se dedicaba a cuidar de la casa y de sus dos hijos, con los que cada domingo iba al parque a comer en familia. Sin embargo, al quedarse embarazada de su tercer hijo, su marido decidió marcharse, temeroso de no poder ofrecer un futuro digno a sus hijos, pero ignorante de que su huida no dejaba nada mejor. La vida de Dolores cambió radicalmente. Se acabaron los domingos en el parque y las tartas de postre que, de vez en cuando, entraban en casa cuando su marido recibía algún dinero extra. Se puso a trabajar de limpiadora y, con gran esfuerzo, sacó adelante a sus tres hijos. El mayor, Julián, era el que más la había ayudado siempre. Empezó a trabajar muy pronto en el taller donde hasta entonces había trabajado su padre, y su sueldo de aprendiz colaboró a pagar facturas. Martín, el mediano, era la gran esperanza de la familia. Licenciado universitario, su madre apenas podía disimular la sonrisa de orgullo que se esbozaba en su cara cuando hablaba de él. Finalmente, el pequeño Sergio era el que más ayuda necesitaba. Se sentía culpable del abandono de su padre y vivía encerrado en su propio mundo. Había abandonado el colegio muy pronto y los trabajos no le duraban más de tres semanas. Las discusiones con su madre y hermanos eran constantes. Aquel día, sin embargo, se levantó de buen humor y aceptó amablemente que Dolores le pidiera que fuera a hacer la compra. Dolores estaba muy cansada, tenía que planchar todo un cesto de ropa y prepararle la comida a Julián, que llegaría pronto del trabajo. Además, quería estar en casa para cuando llegara Martín, que hoy tenía una importante entrevista de trabajo y había posibilidades de que le cogieran. Tras acabar con la plancha, se metió en la cocina y saludó a Sergio, que acababa de llegar con la compra. Cogió las bolsas del súper y repartió la comida en nevera, congelador y armarios. Julián no tardó en llegar y, como no había tenido tiempo a prepararle la comida, decidió prepararle una tortilla rápida. Una tortilla de unos hongos que Sergio había traído del supermercado, quién sabe por qué.

Julián

Ya desde pequeño, Julián fue el hombre de la casa. Tenía apenas 12 años cuando su padre les abandonó, a él, a su hermano y a su madre embarazada. De modo que, sin quererlo, entró pronto en el mundo de los adultos y las responsabilidades. Aquel día, como todos los días, llegó a casa a la una, con el tiempo justo para comer, echarse diez minutos y volver al taller. Su madre no tenía nada hecho, pero le dijo que se sentara a la mesa que en cinco minutos le preparaba una tortilla. Después de comer, se echó en el sofá, pero empezó a sentirse raro y no conseguía conciliar el sueño. Ligeramente mareado y angustiado, salió de casa a respirar un poco de aire. Una vez en la calle, empezó a deambular sin rumbo fijo. Gente con la cara desdibujada pasaba junto a él a toda velocidad. Aparecía gente de todas partes, de repente. Intentaba mirar a derecha e izquierda, pero no conseguía enfocar la vista en nada. Aterrado se agarró a unas coloridas cajas, pero al intentar apoyarse perdió el equilibrio y cayó al suelo. De repente, una mirada a lo lejos se posó sobre él. Un sudor frío le recorrió la espalda de arriba a abajo. Sentía que aquellos ojos se le acercaban y huyó corriendo, sin rumbo fijo, tropezando con la gente. Cuando no pudo más, se detuvo frente ante un coche aparcado a descansar. El corazón le latía de forma acelerada. Sentía que se quedaba sin aliento. Y, cuando se volvió, aquellos ojos estaban ahí. Los tenía prácticamente encima. Tremendamente asustado, se abalanzó contra su perseguidor y ambos cayeron al suelo. Se levantó rápidamente y, al verse las manos ensangrentadas, volvió a salir huyendo.

Martín

Martín era un chico agradable, cariñoso y trabajador. Desde bien pequeño empezó a destacar en el colegio, y tanto su madre como su hermano mayor, a quienes quería con locura, le animaron a proseguir con sus estudios cuando éste quiso dejarlos para ponerse a trabajar y ayudar en casa. Aquel día, hacía apenas unos meses que Martín se había licenciado. Había acudido sin suerte a varias entrevistas de trabajo, pero aquel era su día. Salió agradecido y sonriente del despacho de su entrevistador y, ya en la calle, se soltó el nudo de la corbata y se dirigió rápidamente al metro para volver a casa y transmitir las buenas noticias. Antes de subir a casa decidió pasar por una pastelería y comprar una tarta, como las que su padre llevaba a casa antes de abandonarles. Estaba saliendo de la tienda cuando oyó un fuerte golpe calle abajo. Se volvió hacia allí y vio a un hombre caído frente a un colmado, rodeado de cajas de frutas e increpado por el tendero. Aquella mirada perdida le pareció familiar. ¿No era aquél su hermano Julián? Cuando quiso acercársele, el hombre salió corriendo y se perdió esquina allá. Martín se apresuró a llegar a casa. Además de las buenas noticias, quería comprobar si su hermano estaba bien. Justo antes de llegar al portal, se encontró a Julián tirado frente a un coche. Le llamó varias veces, pero éste parecía no oírle. Se reclinó sobre él y, justo antes de ser empujado violentamente contra el suelo, tuvo tiempo de apreciar los ojos más aterrados que jamás había visto.

Sergio

El día que nació Sergio, su padre no estuvo allí para verlo. Se había marchado de casa unos meses antes al saber que su mujer volvía a estar embarazada. Si apenas podía mantener a dos hijos, ¿cómo iba a mantener a un tercero? Así que, incluso antes de nacer, tuvo que cargar con la responsabilidad de haber destrozado una familia. Y a esa responsabilidad atribuía su fracaso escolar, las continuas discusiones con su madre y la relación fría con sus hermanos. Aquel día se levantó tarde, como siempre, y salió para reunirse con el amigo de un conocido que iba a proporcionarle una bolsa de setas alucinógenas con las que pretendía “irse” de viaje el sábado por la noche con sus amigos. Antes de salir, su madre le pidió que hiciera la compra y le dio dinero para ello. Al llegar a casa, se metió en la cocina, se sirvió un vaso de agua y se sacó del bolsillo la bolsa de setas para contemplarla. Tan absorto estaba en su bolsa que no se dio cuenta de que su madre entraba a la cocina. Cuando quiso reaccionar, sólo tuvo tiempo de meter las setas en una de las bolsas de la compra. Una llamada de móvil sacó de la cocina a Sergio, que buscaba algo de intimidad. Tras colgar, volvió a la cocina a buscar las setas, pero su madre lo había guardado todo ya. De forma discreta, miró en armarios, nevera y bolsa de basura, pero no encontró nada. Su madre le preguntó si le ocurría algo, pero Sergio nerviosamente dijo que no. Volvió a su habitación desesperado, recorría el pasillo arriba y abajo, pendiente de si su madre salía de la cocina para entrar y buscar a conciencia. En una de sus idas y venidas, percibió que la puerta de la calle estaba abierta. Se acercó a ver qué pasaba y no vio nada, aunque enseguida comprobó que Julián se había marchado sin despedirse. Su madre no sabía nada, así que decidieron llamarle. Pero Julián no contestaba. Al poco, un gritó desgarrador procedente de la calle llevó a madre e hijo hasta el portal, donde a pocos metros yacía Martín sobre un charco de sangre. Junto a él, había una caja de cartón con una tarta intacta dentro y unos papeles que parecían ser un contrato de trabajo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Bafana Bafana


Se acerca el Mundial (o Copa Mundial, como prefiere la FIFA) y, desde hace un tiempo, he estado colaborando en la traducción de parte del material de su sitio web. En el proceso, he descubierto los diferentes apodos que recibe cada selección participante. Los hay curiosos, como el Barco Pirata griego, la Dinamita Roja danesa o los Chollima (un caballo alado, estilo Pegaso) norcoreanos, y los hay realmente simples, como Die Mannschaft (el equipo) de Alemania. La mayoría hace referencia a la indumentaria de los equipos: algunos más coloridos, como el Tri(color) de México, la Albiceleste argentina o la albirroja paraguaya, y algunas monocromáticas, como la Roja española y chilena, Les Bleus franceses o Gli Azzurri italianos. Ahora, los mejores son los africanos: Súper Águilas de Nigeria, Zorros del Desierto de Argelia, Leones Indomables de Camerún o Elefantes de Costa de Marfil, entre otros. Me gusta especialmente el de Sudáfrica: Bafana Bafana (los chicos).

A continuación, incluyo la lista de todos los equipos y sus apodos:

Alemania: Die Mannschaft (el equipo)
Argelia: Zorros del Desierto
Argentina: Albiceleste
Australia: Socceroos
Brasil: Seleção, Canarinha, Verde-Amarela
Camerún: Leones Indomables
Chile: La Roja
Costa de Marfil: Elefantes
Dinamarca: Dinamita Roja
Eslovaquia: Repre (la selección)
Eslovenia: Zmajceki (los dragones)
España: La Roja. La Furia Española
Estados Unidos: The Stars & Stripes (equipo de las barras y estrellas)
Francia: Les Bleus (los azules)
Ghana: Estrellas Negras
Grecia: El Barco Pirata
Honduras: Los Catrachos, La Bicolor
Inglaterra: Los Tres Leones, Los Pross
Italia: Squadra Azzurra (equipo azul), Gli Azzurri (los azules)
Japón: Samuráis
México: La Tricolor, La Verde
Nigeria: Súper Águilas
Nueva Zelanda: All Whites (todo blanco)
Países Bajos: Oranje (los naranjas)
Paraguay: Albirroja
Portugal: Seleção das Quinas (selección de los escudos)
RDP de Corea: Chollima (Pegaso)
República de Corea: Guerreros del Taeguk, Diablos Rojos
Serbia: Beli Orlovi (águilas blancas)
Sudáfrica: Bafana Bafana (los chicos)
Suiza: Nati (la selección nacional)
Uruguay: La Celeste

miércoles, 26 de mayo de 2010

Domingo de puente!

La madrugada del domingo al lunes, mientras medio mundo estaba pendiente del último capítulo de Lost, servidor dormía plácidamente tras haber pasado un domingo de puente de lo más “entretenido”.

Empezamos antes de las 10:00 horas, traduciendo un videojuego cutre para Nintendo DS al más puro estilo “juegos reunidos”: sudoku, tres en raya, solitario, etc. En total, unas 3.000 palabras sin mayores problemas de vocabulario que sirvieron para entrar en calor. EN-ES

Desde las 12:00 hasta las 18:00 horas, y de forma escalonada, cubrimos el GP de Francia de MotoGP para el sitio web de Repsol. En total, 2.500 palabras con Márquez, Pedrosa y Dovizioso como principales protagonistas. ES-CA

Entre carrera y carrera, aprovechamos para traducir varios perfiles de jugadores de fútbol para el sitio web de la FIFA. Con el Mundial a la vuelta de la esquina, hay que tener las traducciones de todos los jugadores convocados cuanto antes. En total, unas 1.500 palabras sobre jugadores argelinos y norcoreanos. EN-ES

A partir de las 18:00 horas, tres traducciones para una misma agencia pero con destinos bien diferentes: una resolución sobre un proceso de licitación para Endesa, documentación varia para usuarios de ONO y un folleto sobre obesidad para Sanitas. En total, 3.000 palabras más sobre tarifas eléctricas, ofertas telefónicas y balones gástricos. ES-CA

Y el lunes, mientras la gente celebraba el puente en Barcelona, servidor no se movió del ordenador salvo para comer y cenar. Pero esa ya es otra historia...

jueves, 20 de mayo de 2010

Client gran, client petit

De clients n’hi ha de tota mena, des d’aquells que et demanen per l’àvia una setmana després d’haver-los rebutjat una traducció perquè eres a l’hospital, fins aquells amb què cada dia tractes amb algú diferent perquè tenen oficines arreu del món o perquè els seus treballadors no tenen gaire estabilitat laboral. Tot i que, al capdavall, l’important a l’hora de decidir si acceptes una feina és la tarifa, l’especialitat i la urgència, jo m’estimo més treballar per a clients com els primers. En aquesta entrada, però, parlaré d’un client de la segona espècie, que només mantinc per si un dia el necessito.

El client en qüestió és una gran multinacional de la traducció amb oficines a tot arreu: Àsia, Europa, Amèrica... Això vol dir que em poden arribar feines a tothora, fins i tot quan dormo! A primera vista, sembla un bon client i, per poder treballar-hi, cal superar un procés de selecció força llarg. A l’hora de la veritat, però, tanta prova no ha servit per separar el gra de la palla i sovint m’han ofert revisions de textos força mal traduïts. El cas és que aquesta gent va decidir un bon dia que, per estalviar temps i diners, enlloc d’enviar una traducció al traductor més adient de la seva base de dades en funció de l’àmbit d’especialitat de cadascú, envien els textos a tots els traductors i el primer que respon amb una oferta que els plau es queda la feina. Com que estem en aquest negoci per traduir i no per córrer i competir amb ofertes a la baixa, vaig decidir que no respondria mai als missatges d’aquesta agència que no comencessin amb un simple “Hola, Carlos”. Ja n’estic fart del “Please, excuse this mass email”!

Un altre dels aspectes que no m’agrada de l’agència és el fet que treballi amb Wordfast. Tot i que no sóc gaire amic de les eines de traducció assistida per ordinador (ja m’hi aturaré en una altra entrada), faig servir Trados, i amb això en tinc prou. Doncs, bé, estic convençut que aquest gran client té un conveni amb Wordfast per a la distribució dels seus productes i, per això, obliguen a fer-lo servir. Fins i tot de vegades m’envien ofertes perquè el compri. Qui és client de qui aquí, senyors?

No s’acaben aquí els inconvenients d’aquest client, no. I és que s’entesta a pagar en dòlars, fins i tot quan t’envien la traducció des de Barcelona, i exigeixen fer una factura per feina i enviar-la a través del seu programa informàtic a Internet, cosa que provoca una gran pèrdua de temps. A més, paga amb xecs, fet que comporta certes comissions bancàries i no poder disposar dels diners fins transcorreguts un bon parell de mesos.

Com és que hi segueixo treballant, doncs? De fet, no hi treballo gaire. Només ho faig quan em truquen a casa i puc negociar una tarifa d’aquelles que no es poden rebutjar. A més, els textos que envien són variats i entretinguts, i val a dir que paguen en menys de 30 dies. Ara, l’avantatge més gran és que, per molt que els ignoris o els rebutgis feina, sempre acaben tornant, cosa que no passa amb un client petit, i sempre pots comptar-hi en èpoques de vaques magres.

jueves, 13 de mayo de 2010

Pastissos àcids i fruites salades!

No fa gaire, un client em va demanar una traducció del castellà al català sobre diversos aliments i les seves propietats. Fins aquí, tot bé. Quan vaig començar a traduir, però, vaig veure que alguna cosa no funcionava: el text en castellà estava ple de frases rares! Vaig escriure al client per dir-li que els textos en castellà no eren gaire bons i que possiblement eren una traducció de l’anglès i que, si no li feia res, demanés al client final els textos originals per guiar-me a l’hora de traduir. Efectivament, al cap d’una estona, vaig rebre els originals anglesos i vaig descobrir l’origen de molts dels errors de les frases del castellà. Heus ací un exemple:

Castellà: “Los indios americanos enseñaron a los colonos a comerlos en tartas, estas brillantes bayas rojas eran un remedio contra el escorbuto.”
Original: “The Native Americans taught the settlers to eat the tart, bright red berries of the cranberry as a remedy for scurvy.”

És fantàstic com el traductor castellà pren “tart” (àcid) i surt amb “tartas”!

Vegem-ne un altre:

Castellà: “Se puede añadir a los cereales en la mañana, con frutas saladas o smoothies”.
Original: “They are great sprinkled on your morning cereal, added to a fruit salad or a smoothie”

D’acord que no és fàcil traduir la paraula “smoothie”. Un “smoothie” és un suc de fruites i verdures que pot mesclar-se o no amb llet o gelat. En algun país llatinoamericà en diuen “licuado”, però potser aquí ho traduiríem com a “batido”. Ara bé, el que no té ni cap ni peus es traduir “fruit salad” (amanida de fruites o macedònia) per “frutas saladas”. Quins collons!

I un últim exemple:

Castellà: “La buena hidratación es esencial para regular el ejercicio, particularmente con altas temperaturas”.
Original: “Good hydration is essential for regular exercisers, particularly in warm weather”.

Ah, perfecte! Trobem “regular exercisers” (gent que fa esport de manera habitual) i convertim l’adjectiu en verb per acabar amb “regular el ejercicio”.

El cas és que jo cobro més per una traducció anglès -> català que per una castellà -> català i ja he informat el client que, si m’envia una traducció semblant, li aplicaré la tarifa corresponent a la primera combinació.

martes, 4 de mayo de 2010

Llibres i pel·lícules


No he estat mai un gran lector. De fet, no vaig començar a llegir fins que vaig començar la universitat, ja que el trajecte fins a Bellaterra era ben llarg i havia de matar el temps d’alguna manera. Fins aleshores, de llibres només m’havia llegit els que ens manaven a escola o còmics com ara el Mortadelo, l’Eric Castel, el Tintín o l’Astèrix. Ara que ja no vaig a la universitat ni em desplaço per anar a treballar, torno a llegir poc: un llibre cada 2-3 mesos. Per això, sempre miro d’anar sobre segur i no triar un llibre que m’avorreixi. El meu escriptor preferit és l’Irvine Welsh, autor de “Trainspotting”. I ara ve de debò on vull anar a parar. Sempre que d’un llibre se’n fa una pel·lícula, la gent acostuma a dir que “el llibre era molt millor”. I, doncs, què esperàveu? En hora i mitja us estan resumint 300 pàgines plenes de matisos! El cas és que a mi sempre m’ha agradat veure les pel·lícules dels llibres que he llegit, però no al revés, tot i que sóc conscient que, seguint la mateixa regla de tres, hi sortiria guanyant. I no m’agrada perquè m’estimo més dedicar els tres mesos que dedicaria a un llibre que ja sé com acabarà a un altre que em pugui sorprendre. A l’Irvine Welsh el vaig conèixer precisament arran de la pel·lícula “Trainspotting”. Des d’aleshores, m’he comprat i llegit (en anglès, és clar) absolutament tots els seus llibres, tret d’un. Endevineu quin? Efectivament, “Trainspotting”. L’altre dia, sentint el “Lust for Life” de l’Iggy Pop, em van venir ganes de tornar a veure la pel·lícula. Aquest cop, però, he decidit que em llegiré el llibre. I podré dir allò de: “el llibre era molt millor”.
Per cert, de la segona part de “Trainspotting”, titulada “Porno”, se n’està preparant la pel·lícula...